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Intento acomodarme el pelo pero este no se rinde a mi nuevo corte. Esta maldita humedad hace que parezca un animal feroz que va por la vida asustando contrincantes con los pelos de punta. Gruño pensando que si el clima fuese otro, las cosas tal vez, fuesen diferentes. Pero no es así y aunque no es así, igualmente no me importa. Hoy hago mis maletas y me voy a otro lugar que ya no tiene tu perfume. En realidad tu perfume es simplemente mi perfume :tu favorito. Y el simple motivo de recordar que te gustaba hace que yo simplemente lo deteste. Hoy voy a regar las plantas con tu fragancia.

Diluyo dos ibuprofenos de color verde en un poco de jugo de manzana y pera de 20 calorías el vaso. Me duele el oído, el ovario izquierdo y otras tantas cosas que no me las calma el ibuprofeno de acción rápida.

Termino de empacar todo y me doy cuenta que llevo demasiado abrigo para el lugar donde voy. Igual no importa, nada importa. En todos los caminos uno descarta cosas, siempre se lleva el equipaje equivocado.

Recibo una postal tuya que dice que te mudas. Bueno, en realidad yo no recibo nada, la recibe un amigo de un amigo, que me cuenta que le contaron. Tu ya no me envías nada más que oleadas de rencor. La postal dice que te mudas a Colombia. Y yo sólo puedo recordar que allí en Colombia está el pueblo con más lluvias del mundo. Te imagino queriendo empacar paraguas que se te romperan haciendote quedar como  un ridículo apenas bajes del avión.

No hay paraguas para tus lluvias, mi amor. Me voy a un lugar donde ya no llueve, aunque a veces, aún se siente tu fragancia.

Llueve. Ya no diluvia pero llueve lo suficiente como para querer escuchar Flettwood Mac “Go your own way”.

Recuerdo los días en los que eras parte de mí. En lo que todo se compartía como una pieza de algo indivisible, algo más grande de lo que podíamos comprender.

Recuerdo cuando eras ALGUIEN. Ahora sólo te disecciono en terapia como la autopsia de un extraterrestre de látex. Alguien que nunca existió.

Resolución de fín de año: Tengo que dejar de pagar para entenderte.

Conozco a una muchacha que es la Domadora de Huracanes. Encanta tormentas electricas como hobby. Pensaste que podrías destruirla, pero piénsalo de nuevo, otra vez te has equivocado.

Conozco a una muchacha, que nada con las mareas. Sé que le tienes miedo, como un mentiroso teme a la verdad. Ella le cambió la letra a tu canción y ya no suena tan bien. Ella quemó el pasado y tus juguetes. Conozco una muchacha, yo se que también la conoces. Ella se escapó de la escena del accidente, para no verte rendirte vida,vida  tras vida.

Conozco una muchacha, la música es su Dios y el océano es su iglesia. Ella podría ser buena para ti, pero tu no eres bueno para ella. Perdiste tu oportunidad, y como Pedro, la negaste tres veces. Entonces, amigo, para nosotros, los Domadores de Huracanes, los guerreros y los tigres, tres veces es la vencida. Tres veces es el momento de dejar ir y dejárselo a Dios. Seguramente te extrañará pero seguirá caminando.

Conozco un muchacha, que es la encantadora de Huracanes, danza en la lluvia, esperando la proxima luna y la próxima estación que le traiga su cosecha. Conozco a un niña, tu también la conoces, que cree que la VERDAD es la respuesta a todas las preguntas. La verdad es una acción inspirada por el amor. Y cuando la respuesta a todas las preguntas es AMOR, las preguntas se vuelven irrelevantes.

Ella te desea lo mejor,  espera que puedas vivir y actuar sin miedo. Ella es la chica, que tu y yo conocemos, es la Domadora de Huracanes, y la dueña de las canciones tristes. Ella borró tu país del Globo Terraqueo, pero aún así los huracanes golpearan tus costas. Buenas Noches y Buena suerte.

PD: Salmos de Mi Dios para TI.

Tu dices que el amor es un templo

El amor es la ley máxima,

me pides que entre, pero luego quieres que me arrastre.

Y no puedo ya aferrarme a lo que tu tienes,

por que lo unico que tienes es el don de herir.

llueveHoy llueve en todo el mundo. No ha parado de llover, de garuar,de haber tormentas tropicales y de hielo. Hay monzones, huracanes, tornados, trombas marinas y de agua dulce.

Las tormentas parecen haberse apoderado de la tierra en su decadente plenitud. LLueve. Pasaron meses y te llueve dentro. Tu gran constancia y tu habilidad sobrenatural para esclavizarte te han llevado lejos y ahora tienes todo las cadenas con las que soñabas tiempo atrás.  El trabajo, la carrera, la nena y la nenita. El Dios que creias que te miraba de a ratos, ahora te mira fuertemente a tus ojos tristes y tu quieres dar vuelta la mirada pero eso no se puede. Nada se escapa del ojo que todo lo ve.

Todos te decian que este personaje nuevo no iba a durar mucho, pero tu si que sabes ir en contra de todos y para probar su error fuiste hasta las ultimas consecuencias. “Tomemonos tiempo para sanar”-dijiste pero te avalanzaste hacia el nuevo juego como un niño en Navidad.

Creo que es eso. Es tu niño atrapado que sufre y sufre dentro del carro porque su madre no lo viene a auxiliar. Es el niño atrapado porque su madre recoge otros niños perdidos pero no mira a los ojos tristes de su propio hijo. Es el niño atrapado que no sabe como es que lo abrazen sin mentir. Es la madre atrapada que no sabe como es dar LUZ.

Pero ya el tiempo pasó, limpiate el barro que te dejó el tsunami y ponte de pie, que ya no eres un niño y ya no estás atrapado en ningún auto con trabas automáticas. Las trabas ahora son sólo tuyas. Las cadenas y los acuerdos los compraste tu.

Llueve en todo el Planeta, y si pudiese saberlo, se que llovería en cualquier otro mundo con atmósfera. Llueve porque te diste cuenta que dejaste libre algo bello y te encadenaste a la mentira.Y ahora ves la vida de los otros pasar, aferrado a una vocación que te aterra y sacando otra vez del closet, a tu adorado Mr Hyde.

Otra vez el ciclo comienza de nuevo. Inevitable como mojarse con la lluvia. No hay paraguas tan perfectos que te pongan a salvo de tu propia lluvia. Llueve, y te das cuenta que hay un sueño que has perdido, y que nunca, nunca mas, has de poder recuperar. No hay historia más triste que esa.

llueve

LLueve en toda China. Es una tormenta que pareciese cubrir a todo el mundo, y ni siquiera es temporada de monzón. Es como si el universo se hubiese encaprichado en revolver a nuestra tierra como si fuese una sopa Quick.

Abandonaste tu sueño.  No todos conocían lo que deseabas hacer pero a mi me parecía que eso de que fuese un sueño secreto le daba más poder. Un día ibas a sorprender a la luna con tu fuerza natural y mostrarles a todos que podías armar las maletas y recorrer los templos sagrados en busca de un conocimiento esencial. Ibas a escuchar mas al alma y menos a Merck. Ibas a ser alguien que yo desconocía, ibas a revelarte y no rebelarte.Ibas a dejar caer los velos y dejarte ver.

Siempre cumpliste tus promesas, y te dejaste ver. Pero nunca fuiste a China y renunciaste a todos tus sueños. No hay historias más tristes que las de las personas que no se animan a cumplir sus misiones más profundas. Llueve en China, pero parece que lloviese en todo el mundo. La tristeza de los sueños que se abandonan crean las mayores tormentas.

Tu tenías esa tormenta en los ojos desde el primer día que te vi. Pero siempre creí en China y nunca supe escapar y ni cubrirme de la lluvia.

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“No sabes cómo te extrañé, nunca has desaparecido de mi mente, de hecho, en tu ausencia, no pude olvidarte y te tatué en mi cuerpo”.

“Qué bello”….. “Una flor de loto y nuestro símbolo celta…., que bueno que me lleves en tu cuerpo”.

“Siempre”, respondiste. “Nunca te fuiste”.

“Y todos los demás tatuajes que son?”

“…ah, pues, mi signo astrológico, aunque tu sabes que los científicos no creemos en eso”.

“Claro”, te miré pensando en que nunca creí en los científicos pero esperando que no te dieses cuenta.

“Un meteoro y unas siglas con alitas, de mi abuelita que está en el cielo”.

“Sweety, Pretty baby”, que bonito, los recuerdos de tu abuelita. Igual me sonó extraño que luego te las quisieses quitar. Acaso ya no quieres más a tu abuelita? o ya no crees en el cielo?

Sonríes y me pides que te dibuje algo para tatuarte en tu cuerpo. Te digo que NO rotúndamente y peleamos. Digo que me da mala espina que te tatues mi nombre porque esas cosas siempre separan a la gente. Y aparte, yo diseño, no es tampoco que voy por ahí dibujándole el cuerpo a los hombres. Prefiero diseñar mis marquesinas.

Sonríes y me muestras una venta online del anillo de nuestra boda. Te digo que prefiero algo orgánico, menos Macy’s, o algo indestructible como el titanio. Insistes en que quieres demostrar tu amor en algo caro. No lo entiendo, sonrío nerviosa, esperando que no lo notes. Lo más caro que quiero es un Ipod. Nunca me impresionaron las joyas, ni Louis Vuitton, pero sí fue bonito conocer a tus padres y rezar con ellos en el camino a la selva. Aunque yo no crea en el mismo Dios. Aunque el interés por comprar un pasaporte al cielo de tu biblia, no mueva mi vida. Fue bonito. Tu familia es gente bonita. Bella.

Nos despedimos en el aeropuerto y nos abrazamos tanto, pensando que comenzamos el resto de nuestra vida juntos. “Lo logramos”, pienso.  Todo es verdad y no había nada a lo que temer. No había monstruos ni tormentas, ni huracanes, ni mentiras. “Lo logramos”, vuelvo a pensar en los esfuerzos que hicimos por dejar nuestras viejas pieles atrás…. Que bueno que lo logramos, que bueno que vencimos a la nada.

Te diste vuelta y volviste a buscarme, y yo con mi fiebre que apenas podía distinguirte. Me asusté,  pero sólo querías asegurarte de besarme antes de volver a tomar mi avión. Sabrías entonces, que tu castillo de naipes se derrumbaría? No puedes construir nada con 6 pares de Aces. La mentira se desmorona con cualquier movimiento brusco.

Y sabes bien que tu vives en zona de Tsunamis. Nunca podrás mantener tu Empire State de Mentiras ni por más que te mudes de locación. Aunque tal vez nunca te mudes, vivir con papá es conveniente. Su casa protege del viento.

Que bonito, Pretty Boy, como me hace feliz, que busquemos un camino juntos, que olvidemos el por qué, el qué dirán y el cómo lo haremos. Sólo importa este amor tan sincero, sólo importa que has cambiado y luchado con tus abismos interiores y ya en esa lucha has vencido. Y has venido a buscar a tu princesa. Cuanta dicha, Pretty Boy.

Pero espera, algo está sucediendo….siento el suelo temblar, y esto no es mi amada California. Siento el suelo abrirse y tu dices que no es nada, que sólo es tu dolor de espalda que te nubla la mente. Tu trabajo que no aparece y que el mundo se ha vuelto contra ti.

Me preocupo, ya no puedo pensar en conspiraciones globales que te quieren hacer daño. No es hora ya de que busques trabajo, si te animas. Te animas a tener la vida de otro en tus brazos?  No es hora ya que tus ex novias dejen de ser locas desquiciadas que sólo querían el dinero de papá y mamá? No es hora ya que comiences a salir con nenas que te hagan parecer más inteligente?

Maldicion, niño lindo, creo que me estoy cayendo de tu rompecabezas. Quiero redondearme las aristas pero ya no entro en el cuadro.

Me dices que no soy yo. Me envuelves otra vez en el laberinto en que te pierdes. Ya lo sabemos, quieres escapar, pero tienes el minotauro dentro. No hay hilo mágico que te pueda sacar de allí.

Lloro y lloro. Siempre quise quedarme a tu lado y abrazarte en tus pesadillas.

Pero tu dijiste “No”. “Pobre Pretty boy”, pensé…Te has quedado solo con tus montruos de ensueño. Pobre, amor, rezaré por ti cada noche y tal vez algún día, seremos algo. Dios sólo sabe.

Adios. Adios, te deseo lo mejor, sé valiente y feliz.

Diste la vuelta en la encrucijada que trazaste y te dirijiste hacia ELLA sin titubear un instante. No sentiste el dolor, te anestesiaste rápidamente, te creiste fuerte y más que nada te creiste tus  propias mentiras.

Diste la vuelta y fuiste a buscarla. Al fín y al cabo, el pasaje es un poco más barato hasta allí.

“Hola Linda”, le dijiste a ella. “No sabes como te extrañé, nunca has desaparecido de mi mente, de hecho, en tu ausencia, no pude olvidarte y te tatué en mi cuerpo”

“Te tatuaste algo mío?”

“Tus iniciales, mi vida, tus iniciales y dos alas de ángel”.

Maldito. Cuantas abuelitas muertas tienes para cubrir tus mentiras?  Ahora le dedicas mis canciones, le regalas mis regalos, le lees mis libros (los que pueda ella entender) y la llevas de paseo con mi música, pasando por nuestra calle melancolía. Donde irás a parar Pretty Boy, perdido, siempre perdido y pidiendo a alguien que jale del hilo que te sacará del laberinto.

“Oh, no sabés lo que he cambiado, no sabés lo que te extrañado, tu me das paz, yo te doy un anillo de Macy’s, tu me das esperanza, amor, creer que todo es posible, yo te doy mi vida entera, mi corazón en tus manos y ya sabes, mi familia te adorará. Al fin y al cabo tu y yo adoramos al mismo Dios.”

Pobre niña linda, ahora ella ha caído en tus redes. La pobre cristianita no sabe que nos tomamos turnos entre ambas para reemplazar el vacío en tu vida. Todavía cree en tus pactos y promesas. Y seguro que le dices que  YO estaba allí por tu dinero.

Tal vez en un año, tengas un tatuaje con mis  tres iniciales, y le digas que son de un duelo familiar. Tal vez en un año, le digas a tu nueva familia comprada, que no es un Adios, sino un Hasta Luego. Y hagas llorar al universo y a la niñita. Pero por ahora, ella encaja mejor en la política de tu vida. No besa tanto a la gente y sabe dar la mano, vive en la iglesia que tu detestas y te idolatra como a su Dios prohibido. Su optimismo cuadra mejor que mis canciones meláncolicas. Ella había sido tu más grande error, tal vez esa parte, ella nunca lo sepa. Qué lástima que ella nunca sepa sus propias historias.

Adios, Adios, que seas feliz. Que te sigas tatuando mentiras en el cuerpo y que te inventes una realidad segura que tus amigos y padres aprueben. Nunca te animarás a vivir la vida real. Adios, Pretty Boy, no me busques para contarme de tus nuevos tatuajes, para ese entonces, ya me habré ido con alguien que sí sepa tocar bien la guitarra. Menos muñecas rotas y más  Rock and Roll.

Adios, hoy llueve en San Juan y San José. Y las hermitas de San Cosme y San Damián han desaparecido. Tu te has desvanecido con el viento que voltea las castillos de naipes. LLueve en San Juan y San José y la radio anuncia  que se espera un Tsunami de Karma en tu ciudad.

Adios, que seas feliz. Y sepas nadar.

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Camino rápido para llegar al refugio. Corro incrustando mis dedos con esmalte rojo furioso en la arena blanca de esa ciudad perdida como perla en el mar.

Corro porque dicen que ya viene un tormenta fuerte. Un huracán cerca. Un huracán que no nos rozará pero que se avecina  y nos quiere mirar con sus ojos desde el otro lado de la isla.

Por momentos siento que mi me hundo y que nunca voy a llegar al refugio. El refugio es un Hilton de varias estrellas, pero a veces se que realmente no estoy hablando de ese refugio. Aunque este cubierta por cortinados floridos, alfombras y papas fritas gourmet…nada me protege de la realidad.

Muchas veces quise esconderme entre las sábanas, contando segundos para tranquilizar una respiración forzada y así borrar el mundo como si se desarmase la famosa matriz de Neo. Pero no. Abro los ojos y todo sigue ahi. El mundo se deshilacha pero eso no tiene nada de tranquilizador.

Pongo tu música y así trato recordarte. Camino por los pasillos del hotel y la furiosa combinacion del calor y la alfombra hace que me sienta un caminante lunar. No siento el suelo.

Busco un balde y lo lleno de hielo picado. Trato de encontrar la máquina de hielo escondida en cada piso. Regreso a la habitación para ver como el hielo se deshace lentamente.

El paso del tiempo parece una broma suiza en los momentos en que tu no estás. La música alegre que escuchabas ahora sólo me hace llorar.

Te fuiste. Me dejaste. Me abandonaste en un lugar paradisíaco con boletos all inclusive.

Este universo parece un juego de Casino del Diablo. Tu me dejaste, y hoy este mundo, no es nada. Nada. Nada. Tu me dejaste y el hielo tarda mas en derretirse y siento que vuelo en los pasillos. No hay verdad, no hay realidad ni refugio para el desamor. Tu me dejaste y el mundo sigue ahí, pero yo me he bajado de el.

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Suerte que ya para ese entonces había conseguido mis Ray Ban espejados y cada vez que me mirabas a los ojos podías verte a ti mismo. No era una verdad poética, pero te encantaba verte reflejado en los otros. Tu mirada de fotografía digital y los lentes nuevos me escondían los ojos llorosos y lo hacía todo más sencillo. Siempre me compliqué en las despedidas anunciadas pero ahora, como un universo new age de bestseller, el universo parecía conspirar para que nos dejásemos.

“–Cortados por la misma tijera, partidos por el mismo rayo”—solías decir y cierta incomodidad de marioneta recorría los vellos de mis brazos. Tu te sonreías y la incomodidad acababa. Siempre te decía que tus sonrisa desacomodaba los átomos del aire. Ahora creo que ese desacomodo molecular era el principal veneno.

 

Ella te llama y susurra sobre mi.

No sabe que no soy la clase de persona sobre la que se susurra. En realidad ella no sabe nada. Tantos años en ese lavadero mental con luces de postgrado la han alejado de la realidad de los mortales. La han alejado de la poesía. Le han dejado los ojos vacíos como un alien de plástico que muere nuevamente para una autopsia de televisión.

 

Yo sé que ella siempre te quiso.

Pero tuvo que conformarse con el Menú del día y eso no te incluía por ese entonces. Hace tiempo y allá lejos te creías una rara trufa italiana. Un sabroso hongo silvestre demasiado exótico hasta para el menú ejecutivo de los martes.

 

Pero nadie te dijo que en tu pueblo había solo dos trajeados de MBA que no distinguirían una trufa de una sardina. Así que te lo aviso, baby,  no eras demasiado para nadie.

 

El tiempo pasa y estamos aquí en el camino. Yo ya sé que ella se cansó de la comida de siempre y te quiere en su aderezo semanal. Tu te crees comida del Bulli y yo ya no se como decirte que no combinas.

Ni siquiera me interesé alguna vez por el la gran distracción masiva denominada “Mercado Gourmet”.

Estoy aquí por comenzar el camino y ya se como termina así que si no te molesta preferiría caminar sola.

Hace tiempo que me dijiste que me amabas aún con mis canciones melancólicas y ahora simplemente no me ves. Creo que a veces me vas a atravesar el cuerpo como el tipo de Ghost y su fantasma. No me ves.

No entiendes mi arte. No me ves. No me entiendes. No me desarmas de la manera correcta.

 

Una vez mi vecina tenía un estanque. Amaba sus pececitos naranjas tan japonecitos y zen. Un estanque cerrado e iluminado con neón verde.

Un día un pececito desapareció. Mi vecina los volvió a contar y una y otra vez y otra vez. Y el pececito no estaba. Mi hermano sugirió que tal vez había cambiado de vibración como los mayas y emigrado a aguas más bellas.

 

Eso pasa ahora, amor. Aquí en el camino, yo soy el pez que ha desaparecido pero tu no te das cuenta. No crees en los mayas, ni en nada que implique desapariciones. Cuentas una y otra vez y crees que todos los peces están allí cuando ya tienes un estanque de piedra vacío.

 

Me miras a los ojos y te peinas en mis cristales. Me saco los Ray Ban y al ver mis mirada llorosa solo puedes deducir que ha comenzado a llover en el Camino a Santiago.

Crees que es algo meteorológico, tu PhD no te permite saber las razones por la que la mujer que alguna vez te amó, hoy llora.

 

Sigue lloviendo y comenzamos el camino que no terminaremos juntos.

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La lluvia caía casi imperceptible sobre todos los que recorríamos las calles de la noche. Escaleras arriba, un grupo de amigos se ríe con una cortesía poco francesa enojando a los transeúntes que añoran el silencio.

Un hombre sonríe en una foto que ella atesorará por siempre creyendo que ese instante, sólo en ese instante se capturó la verdad.

Otra “Ella” camina sin rumbo por las calles estrechas y llenas de glamour de crucero. No conoce los secretos que él esconde detrás de su filosofía New Age y su aversión por la comida de microondas.Le parece hippie chic. Se toman de la mano, mientras buscan un bar francés que no cierre a la medianoche y un camarero que no los incomode por ser enamorados en Francia..

Ella sonríe como si tuviese 15 años, burlándose del tiempo con la mirada, creyendo que puede dominar al mundo y recorrer Venecia con él y sus ideas vegetarianas.

El la besa, la invita a tomar el tren de Cannes a Juan le Pins y dejar atrás el gentío desordenado. No hay por qué huir, pero duda.

Esperando que llegue el tren, ella ve pasar la oportunidades una tras otra, ve pasar las miles de opciones tridimensionales que se abren como una red de arañas del destino. Ve su reflejo en las ventanillas y piensa en abrir la botella de vino rosé que se han robado del supermercado para apurar las moléculas del ánimo y borrar el engaño.

No sabe si ir. No sabe si arrepentirse y huir a una vida cómoda y rosa en las colinas de algún país amable con su piel. No sabe si subir, si montarse a la flecha zen que irá bramando hasta encontrar un blanco y un destino posible.

Las puertas se abren y cierran frente a su mirada. Piensa que Francia es sólo un engaño de charme apoyado por el queso brie y el camembert. Trata de recordar cual de esos dos quesos era de Normandía.

Respira hondo y piensa en Louise Hay.

Respira hondo y piensa en incendios forestales y en chamanes brasileros. Deus. Deus.

Respira hondo mientras el tren se detiene y el Parisino murmura algo que es simplemente una idiotez sazonada con una manera diferente e irresistible de pronunciar las “erres”. Ella sonríe y por última vez, visualiza el aburrimiento que deja en el andén y la aventura que la espera en los asientos tapizados de rojo. Decide subir. Sus sandalias tan frágiles se deslizan sobre sus pies gastados mientras da el paso que la llevará a otra vida.

Atrás quedan rutinas y el Cheddar.

Sube.

Brilla.

Sonríe.

El sonríe tomándole la mano y pronunciando algo de Juan Le Pins y la lluvia de la Costa Azul. Ella cierra los ojos, besándolo, mientras él abre los ojos en el mismo beso porque su mente queda acorralada en un recuerdo de su infancia. Se siente sólo y a partir de ese momento sólo buscará excusas francesas para dejar a la chica que acaba de dejarlo todo por él.

llueveEse día  mi cabeza giraba como un lavarropas sin gravedad; desperté arrastrándome para tantear las debilidades del terreno. Desperté soñando con el perfume de California. No soñaba con las colinas, no soñaba con la vista al pacífico. No. Era el perfume intenso de los supermercados extranjeros y esas cosas absurdas como la mantequilla de maní, los frijoles y el martini en polvo. Éxtasis. Esa combinación extraña de luces fuera de foco y amabilidad, que se filtran por la rendija de un momento y te recuerda que hace un tiempo no estabas aquí. En todos los sentidos.

Quiero respirar  pero a veces no lo logro, vivo dando una vuelta americana y la mañana se convierte en un dolor de cabeza intenso. El dolor de cabeza que te eclipsa los sentidos cuando no  encontrás la salida en el agua aturquesada de la pileta del club. Afilado. Furioso. Terrible.

Me gustan las canciones acústicas que me gustan. Odio la música caribeña que resuena en mi memoria. Nunca me gusto bailar salsa. Solo fue un giro irónico del destino.

Y acá estás, diciéndome que  está bien bailar así, y yo se que no pienso bailar nunca más. Ya no me gustan los acordes perversos de jueves por la noche bajo una maraña de djs desequilibrados. Ya no bailo. No. No se como sacarte de mis ojos si ya los abrí y aún estás ahí resoplando; recortado sobre un fondo verde de videoclip moderno. Parpadeo y no te vas.

Igual servime un Blue Lagoon doble, y no tomés de mi vaso si no querés lo mismo que yo quiero.

Sueño con el aeropuerto al final de las autopistas color beige.

Hay un hotel en California que tiene ventanas que me gustan.

Tostadas, leer a Buck Rogers, café con leche deshidratada y empaquetada para aviones. Documental sobre Mamushkas en el Discovery. Él que me llama por decimoquinta vez.. ¿Por qué me llama siempre los martes? Mi contestador conversa con él, y eso parece calmarlo. Sabe que estoy acá, luchando con todas mis células por atarme los cordones. No puedo despertar. Me acerco, lentamente, suavemente, estrepitosamente. Pero mis manos no se mueven y mi mente no sabe enlazarme las zapatillas.

Llegar. Salir. Random, autorepeat, vector multidireccional, campos de algodón. Ella. Chica. Italpark. Animé. Silicio en el valle.

No se. No me puedo levantar. Las historias me acechan con una espada afilada pero me dañan y no sangro. No hay heridas verdaderas porque nada verdadero me ha pasado hoy, en esta vida, digo.

Creo que nunca me levantaré. La habitación parece cada vez mas blanca, las muñecas del Discovery  se agigantan, mis cordones se desatan solos una y otra vez.  Créanme. Mi máquina de escribir se deshace. Siempre sueño lo mismo. La habitación está cada vez más viva, y mi ecuación es inversamente proporcional.

Infinito, ondas sobre el granito azul. Hielo. Lentes strobe. Macros perversos. Playas nevadas. Cajas chinas. Saltos en still.

No hay nada mas allá de las nueve a.m. No hay vida después de la Universidad. Pero lo mío es distinto, yo hice un curso de Paquete OFFICE. Puedo dominar al mundo. Solo, sólo si logro levantarme. Supongo que mi mente se declaró autónoma y no encuentra una buena razón para decirle  a mi cuerpo que hoy  sí las cosas van a salir bien.

Quiero abrir las ventanas. Esas, las del hotel California cuando llueve.

No puedo salir, las sábanas me atraparon como monstruos griegos y, hoy no hay nada que yo pueda contarles.

No importa. No importa. Las moralejas no importan. ¿ Realmente querían quedarse con algo? Ok. escuchen bien esto: Los esquimales no apuestan. Es una buena historia. ¿no? corta, subyugante, inútil. Inolvidable, hasta la puedes recitar de memoria: los esquimales no apuestan. Genial.

 

llueve2“Vení porque sino me tiro de la silla” amenazó con la mirada extraviada aferrado al cubículo de dos por dos que servía como oficina. Tal vez, la alfombra que lo recubría todo amortigüe la caída. Tal vez no.

Contar lentamente los agujeros de los botones del saco lo tranquilizaba. Siempre eran cuatro. El día que el quinto orificio apareciese sería una señal del maldito destino. Pero siempre habían sido cuatro, hasta ese día.

La vista se le nubló y ya no podía contar nada. No fumaba, pero pidió un paquete de cigarros como si fuese un salvavidas. El era un Rolls Royce dado vuelta y con las ruedas aún girando. Pero nadie se animaba a  detener a la velocidad quieta.

Gritó, o creyó gritar pero el mundo viraba sin piedad y él no podía detenerlo, se estaba hundiendo. Nunca supo que el espacio fuese tan blando hasta ese instante. Al fin y al cabo sólo éramos un puñado de partículas poco discretas.

Al día siguiente el quinto orificio se desvaneció pero la angustia seguía allí. En la oficina, la pelirroja sentada a su izquierda se consumía en muecas, como si ser data-entry fuese algo cuasi orgásmico. “Después de un tiempo te das cuenta que es espacioso” le dice y él solo recuerda a su perro enloquecido con la amplitud de la caja del televisor. Patético: es la segunda vez en el día que él añora ser un perro.

Su chica tiene brillo en el cabello como propaganda de champú.  Pero todos sabemos que las propagandas de champú son el mayor engaño publicitario que sufre la sociedad. Más aún que los presidentes.

Hace mucho que él no disfruta un atardecer de momento Kodak, y cuando finalmente tiene el atardecer y la muchacha y el brillo en el cabello, simplemente le pregunta si esa puesta de sol no es sencillamente perfecta. Y ella dice que No, que ha visto mejores. Otra vez las ruedas giran y el techo se aplasta contra el asfalto. Otra vez el quinto orificio hace su terrorífica entrada triunfal.  El se ahoga hasta en el parqué del restaurante chino.

Su jefe lo llama, quiere verlo, su rendimiento laboral ha descendido. El cree que deben ir a buscar su rendimiento laboral justo al lado del Titanic. Pero no importa, su esperanza se encuentra a sólo unos metros de allí…Tal vez la National Geographic tenga interés en desenterrarla.

El está cansado y solo. El mundo insensible ha pergeñado un complot al mejor estilo Gran Hermano, para traicionarlo y todos los votos han sido en su contra. Ojalá tuviese un impermeable que lo aislase del dolor, pero no. El dolor ha venido para quedarse y ahora es su perro lazarillo.

La gente creía que él estaba loco, pero era solo el pánico y la soledad que estaban dentro de  él disputándoselo en una larga partida de GO. Pero la gente no veía, la gente no se acercaba a un Rolls Royce estropeado. Daba igual una bicicleta. Hasta era mejor.

Para cuando lo conocí él ya veía cinco agujeros en todos los botones. Esa mañana se acercó y me dijo :”¿sabes que la Atlántida está en la Argentina?”. Todos a mi alrededor se rieron del loco, pero sólo yo entendí que ese hombre se estaba hundiendo.

 

 

 

      llueveFue como una inundación repentina, te volteaste a buscar tus tres cds favoritos y ya tenías el agua al cuello.

Nunca soñaste con ser ingeniero hidrólogo ni tampoco pudiste ser arrogante con la guitarra. Aunque ningún acorde te hubiese salvado de eso.

Un día te levantaste y ya Mick había pintado todo lo que tu conocías de negro.

 Y NADA parecía bueno.

Deseabas echar el dolor a patadas. Tirarlo en parapente pero sin parapente. Que se destroce como porcelana cara sobre todas las caras. Tus ojos ya comenzaban a parecerse a los de tu padre, pero sin la belleza. Tus ojos se parecían ya a todos los ojos del mundo.

Un día te levantaste y ya tenías esa cosa en la garganta. Te mirabas al espejo y creías que casi no se notaba. Pero esa bestia se agrandaba cada vez que querías pronunciar una palabra. Algo se te retorcía adentro y todo se volvía oscuro.

Cada camioneta blanca de puertas corredizas está en la calle para secuestrarte, cada mano que se mete dentro de un traje, trae una mágnum brillante que quiere quitarte tu vida por algo que aún no has hecho.

Intentas respirar y visualizar una luz dorada que te recorre y abre tus alas de ángel. Pero tu profesora de yoga no entiende que solo quieres llorar, y que si te crecieran alas, solo tendrías miedo de que alguien te las robe. Pedirían un buen rescate por eso y encima pondrían videos de tus días felices en youtube. Dios, ni puedes imaginar la cantidad de gente estúpida que saldría a hablar de ti en el programa de la tarde. Seguro que alguien mencionaría una teoría pseudo freudiana sobre tu fobia a dormir sin reloj o sobre tus extraños zapatos de gamuza gastada que utilizas aún en verano.

Quieres viajar. Irte. Inventarte una nueva identidad y ser un extranjero misterioso pero agradable.

Pones tu canción acústica favorita, esa que te acariciaba el alma y te hacía dormir tranquilo cuando el mundo se derrumbaba. Pero el mundo ya se ha caído sobre tu espalda y no crees que haya algún lugar más abajo de dónde tu estás. Ojalá tuvieses una canción para reconstruirte, pero el jazz ya te parece demodé.

Te duele la garganta, pero no sabes si eso es realmente dolor. O es sencillamente el sabor de la angustia enquistada que se esparce por tu cuerpo.

No tienes puertas que abrir ya. Cada vez que lo intentas sólo hay un vacío enorme que te llama por ese pasillo mal iluminado.

Cada segundo hay una enfermedad nueva, cada minuto hay alguien que es estrangulado por la soledad o por la infamia de la política de los cobardes. Cada segundo alguien miente al decir que ya no ama a otro alguien mientras este se destroza en el ritual maorí del dolor. En cada ciudad  algo está ahí, acechando entre las sombras de un callejón de comic. Algo está ahí, esperando para decirte que no tienes futuro, para restregarte en el pecho que este mundo es así y que la realidad no tiene forma de congraciarse contigo. Lo lamento, sigue participando.

Pero tu ya no quieres ese juego. Alguien se robó la pelota y el juego ya no es el mismo.

Te preguntas por qué hay flores que florecen muertas. Te preguntas por qué debes abrir las camelias con las manos. Te preguntas por qué ya no tienes camelias.

Quieres gritar, pero ese gigante en la garganta no te deja. Alguien ha pintado el mundo de negro y todos parecen haberse acostumbrado a ese vuelco invencible de la realidad. Las escaleras que van al cielo no vuelven.

Te duele el cuerpo. Quieres pedir ayuda pero ya no sabes como hacerlo. No hay señales posibles. El avión se va a estrellar de todos modos y tu tienes la mejor butaca para el show de tu muerte. Parece que la  darán en IMAX 3D en el nuevo Dot.

Ya tu lo sabes, fue como una inundación repentina, te volteaste a buscar tus tres cds favoritos y ya tenías el agua al cuello.

Nadie te dijo como sería pero es que nadie sabe como es hasta que ya no vuelve de allí.

El miedo es un lugar extraño, el miedo es un país de América del sur. Te diste vuelta a buscar una cerveza y ya estás allí, sin bienvenidas ni alegrías. No recuerdas que caíste pero solo sueñas con tener un pasaporte y un pasaje de ida a alguna parte.