
Camino rápido para llegar al refugio. Corro incrustando mis dedos con esmalte rojo furioso en la arena blanca de esa ciudad perdida como perla en el mar.
Corro porque dicen que ya viene un tormenta fuerte. Un huracán cerca. Un huracán que no nos rozará pero que se avecina y nos quiere mirar con sus ojos desde el otro lado de la isla.
Por momentos siento que mi me hundo y que nunca voy a llegar al refugio. El refugio es un Hilton de varias estrellas, pero a veces se que realmente no estoy hablando de ese refugio. Aunque este cubierta por cortinados floridos, alfombras y papas fritas gourmet…nada me protege de la realidad.
Muchas veces quise esconderme entre las sabanas, contando segundos para tranquilizar una respiración forzada y así borrar el mundo como si se desarmase la famosa matriz de Neo. Pero no. Abro los ojos y todo sigue ahi. El mundo se deshilacha pero eso no tiene nada de tranquilizador.
Pongo tu música y así trato recordarte. Camino por los pasillos del hotel y la furiosa combinacion del calor y la alfombra hace que me sienta un caminante lunar. No siento el suelo.
Busco un balde y lo lleno de hielo picado. Trato de encontrar la máquina de hielo escondida en cada piso. Regreso a la habitación para ver como el hielo se deshace lentamente.
El paso del tiempo parece una broma suiza en los momentos en que tu no estás. La música alegre que escuchabas ahora sólo me hace llorar.
Te fuiste. Me dejaste. Me abandonaste en un lugar paradisíaco con boletos all inclusive.
Este universo parece un juego de Casino del Diablo. Tu me dejaste, y hoy este mundo, no es nada. Nada. Nada. Tu me dejaste y el hielo tarda mas en derretirse y siento que vuelo en los pasillos. No hay verdad, no hay realidad ni refugio para el desamor. Tu me dejaste y el mundo sigue ahí, pero yo me he bajado de el.