No para de llover en la isla del encanto. Ya llega Abril y la época de redenciones es tan agotadora como la época de monzones y tornados. Sería tan sencillo poder tapar la verdad con pilas y pilas de maderas en nuestras ventanas. Maderas, cortinados automáticos y pesados que impedirían que ,cuando el momento se acerque, el gran huracán nos derrumbe. Que sencillo sería poder acumular excusas como si fuese agua potable o combustible para el generador, así cuando la verdad entre derrumbando todo a su alrededor, tendríamos algún arma para defendernos.
Sería bonito, sería como ser caballeros medievales luchando por el Rey. Pero el Rey ha muerto y tu, de caballero, no tienes nada. Lo más cercano que has estado a una lucha de verdad, es un juego de Play 3. Todo en tí es falso y desarticulado.
Llega la época de redenciones, donde tu iglesia reparte bendiciones que borran todo el pasado como si fuese una de esas drogas de discotecas. Te imagino bañándote en ese agua que borra tus pecados-según tu libro.
Cuando te veo en tu añorada bendición, no veo un hombre bautizado, ni nacido de nuevo, veo un hombre mojado y desesperado. Y el agua ni siquiera te sienta bien. Te pone los ojos colorados como adicto.
Tendrás una reacción alérgica a la verdad? Será eso? Probablemente. Y por eso no aparecía en los rayos X.
Llega la época de las redenciones y las barbacoas al sol. Me pregunto si algo en ti se acuerda de esta alma porteña cada vez que pasas por uno de esos carteles que anuncian como salir cuando hay tsunamis. Me pregunto tantas veces, tantas cosas que mis celulas nunca entenderán.
Yo te recuerdo mucho. Cada vez que el cuerpo me da una señal de peligro tengo que hablarme a mi misma y recordarme que nunca más volveré a ponerme en tu presencia. Mi cuerpo piensa en ti y quiere escapar de tu redención.
Llueve en Puerto Rico, en la Parguera el agua ya no brilla, las trombas marinas se acercan al Faro y las mujeres se acortan más las faldas para bailar reaggaeton.
Llueve y tu no sabes ya que hacer. No sabes como tapar las filtraciones de tu casa en la colina. Entra agua por las ventanas y por la terraza. Te preocupas que el agua no dañe tus jueguitos y tus 3 libros de Medicina. Pero el agua, como el karma, tiene una fuerza sutil e incontrolable. Nada lo puede detener. Ninguna excusa ni ninguna valla de madera. El Karma y el agua lo inundan todo.
Sientes ya húmedos tus pies por la tormenta. No llegas a ver el mar, pero tú nunca podías ver nada con claridad. Decías que era el Polvo del Sahara pero simplemente era tu alma que estaba nublosa y gris. El agua entra y ayudas a tus padres a salir. Ayudas a tu nueva novia a salir, le abres la puerta a tu hermano y sus orquídeas pero por más puertas que abras, el agua no se va, sino que te persigue como el destino.
Este abril no leeremos que un hombre murió ahogado en su propio karma por un extraño evento local ocurrido en su casa de parque cerrado. Nadie lo comentará.No saldrá en los periódicos pero siempre , y escúchame bien, SIEMPRE, estará presente en tus ojos. Y no agua bendita que te lo quite.
Buenas noches, me voy, ya dejó de llover en mi ciudad.
